17 enero 2018

Acoso sexual



La verdad que estoy un poco cansada de tanta noticia sobre acoso, parece que es un nueva moda este “yo también” generalizado y publicitado principalmente por Twitter (lugar a mi parecer,  inapropiado para hacer confesiones de tal tipo).  

Lo triste es que, es más que probable que toda mujer de más de 20 haya sido en al menos una ocasión (si no más) acosada o haya estado al borde del mismo. Pero tampoco nos volvamos gilipollas, porque se nos está yendo de las manos y ya vemos acoso donde sólo hay una actitud un poco (o mucho) más “fresca” de lo socialmente admitido. Porque hay tíos muy descarados con poca o ninguna educación y que se creen con derecho a todo, otros que simplemente ven una chica guapa y se lo trasmiten (si queridas, los piropeadores del andamio no son acosadores, simplemente son unos gañanes de tomo y lomo, aunque algunos podrían ser poetas, de arrabal, pero poetas!) y otros que están en la parra y no se dan cuenta de que te están violentando con su actitud.

Por lo tanto distingamos, señoritas, que las acusaciones gratuitas también están muy feas, así que hoy vamos a por la versión Barrio Sésamo del acoso sexual.

  • 1.       Que con 13 años, tu compañero de cole que es memo, te toque el culo porque se cree todo un hombre. NO ES ACOSO. Suéltale un sopapo y todos tan amigos. Si la cosa llega a los papás, ahí estará la educación de sus mayores en decirle que eso no se hace (y tu sopapo, bien merecido en ese momento, tampoco)
  • 2.       Que con 15 años, tu vecino 3 años mayor, por el que llevas epatada un siglo, te quiera invitar a la feria (yupiiii al fin!!) y acabes en un callejón forcejeando para que no te desabroche el pantalón y tengas que salir corriendo. SI ES ACOSO. Cuéntalo a tus padres o a cualquier adulto inmediatamente, no 20 años después en redes sociales cuando no tenga sentido y encima el interfecto te pueda denunciar por daños a su honor.
  • 3.       Que en tu entorno laboral, tu compañero venido de una familia cariñosa y acostumbrado a mucho contacto físico, invada sin darse cuenta tu espacio personal y te haga sentir incómoda. NO ES ACOSO. Coño díselo, que lo mismo hasta lo entiende! (si lo reitera y va a más, lógicamente, la historia cambia)
  • 4.       Que en tu entorno laboral, tu jefe pasado de copas en la cena de empresa, te diga que si acabáis la fiesta en su casa (más bien cama). NO ES ACOSO, se acerca, pero NO. Mándale a refrescarse y si no lo repite jamás, de verdad que no es acoso, sólo es una grosería con los pies muy fuera del tiesto.
  • 5.       Que tu noviete de turno, te coaccione y acorrale para acostaros, e ignore tu opinión. SI ES ACOSO. Si la cosa no ha llegado a más que a dejarle con el palmo de narices (por ser finos), déjale y no vuelvas a verle. Si la cosa ha ido a más, además de dejarle, denuncia a la policía, no a Twitter.
  • 6.       Si a una persona le gustas, pero tú le dices (claramente) que no estás interesada y todo sigue normal, obviamente NO ES ACOSO. Pero, si hace caso omiso de tu interés, te escribe, llama, envía regalos, visitas sorpresa, etc, SI ES ACOSO y además de pedirle educadamente que no se te vuelva a acercar, en caso de reiteración, denúncialo (repito, a la policía, no a Twitter)

Por lo tanto, vamos a dejarnos de tonterías de que ahora todo es acoso, porque al final desvirtuamos a la verdadera víctima, no queramos ver gigantes donde sólo hay molinos, por favor.



09 agosto 2016

¡¡Que me agobio!!


Soy consciente de que mis habilidades sociales dejan bastante que desear, no he tenido nunca filtro sobre lo que se puede decir o no sin ofender aunque en el último año largo he trabajado mucho en eso porque siempre es bueno mejorar.

También reconozco que soy muy celosa de mi espacio personal, el haber crecido como hija única ha hecho que esté tan acostumbrada a no contar con nadie más que conmigo misma a la hora de hacer las cosas, por lo que depender de alguien o tener que estar pendiente de otra persona me suele agobiar, salvo que yo misma haya ofrecido hacerme compañía en algún momento determinado para compartir ese momento. No es porque sea egoísta y pretenda que no me incordien, que también, es que me gusta la libertad que da el no tener que depender o tener quien dependa de ti, repito que a no ser que yo lo haya ofrecido, momento en el que gustosísima ejerzo de anfitriona y comparto mi mundo sin problemas. Por este motivo también tiendo a respetar muchísimo ese espacio personal en los demás llegando a resultar fría pareciendo que no quiero involucrarme en sus vidas.

Pero si yo no abrumo con mensajes, llamadas, planes, preguntas, etc, sólo pido que a mí tampoco me lo hagan porque en mi persona tanto interés ejerce el efecto rebote. Vamos que salgo huyendo, primero porque me agobio y segundo porque siento como si me quisieran controlar más que un interés desinteresado por mi vida.
En esos momentos es cuando pierdo el control, me angustio, me enfado y respondo con lo peor de mí carácter, porque si llegado un punto en el que con toda mi poca sutileza doy pistas de que me estoy agobiando, cuando invaden mi espacio personal como si fueran un elefante en una tienda de porcelanas exploto de tal manera que soy capaz de mutar en algo más grande que Hulk, menos verde pero casi igual de destructivo. Bien, dicho esto y siendo conocedora de mis límites y de que a veces soy peor que la sota de bastos, el problema se me viene cuando no encuentro el mismo respeto hacia mi espacio vital que el que yo ofrezco.

Sé que ese respeto no tiene que ser igual de exagerado para todos y que además salvo las personas controladoras, nadie lo hace con mala intención, pero siempre hay que partir de la base de que no a todos nos gusta lo mismo y que lo poco agrada pero lo mucho enfada por lo tanto siempre es mejor ser prudentes a la hora de entrar en las vidas de los demás porque tenemos más posibilidades de espantar si vamos en plan desembarco de Normandía, que si entramos de forma natural, con mesura, tratando no sólo de conocer la vida si no los pulsos de cada persona y para eso en lugar de declararnos en invasión como un ejército lo que hay que hacer es observar y escuchar, puesto que esa es la mejor forma de establecer lazos sanos.

La mayor parte de las personas no controlan ese impulso de entrar como la banda municipal en el auditorio y querer no solo conocer todo de una vez si no darte clases de lo que te tiene que gustar porque a ellos les gusta, de lo que te vendrá bien y de todo lo referente a tu vida según su punto de vista porque son como el cuñado que todo lo sabe. Con estas personas me declaro incompatible, son aquellas a las que les das la mano y se toman el brazo, el hombro y el derecho a incluirse sin más en tu existencia.

Aunque no lo parezca soy tolerante y paciente, pero con ese tipo de personas invasoras por muchas oportunidades que doy (y lo he hecho) siempre descubro que da igual las pistas que des, las explicaciones y las indirectas, porque siempre acaban igual tratando de colonizar y yo cabreada a más no poder. Y lo siento, pero aunque siempre procuro no ser desagradable ni mal educada, es cierto que yo también pierdo el control y que llegado un punto pego un bufido y salgo por patas con una sobrecarga de odio brutal no pudiendo ni escuchar hablar de la persona.
Por lo tanto, si alguien pretende estar en mi vida que recuerde que soy independiente, que siempre lo he sido y que me altera mucho dar explicaciones porque los hijos únicos no estamos acostumbrados a compartir espacio (y porque yo soy cojonuda!) así que a mi hay que acercarse como a los ciervos en el campo, despacio y sin hacer mucho ruido para que no salga corriendo. Quien no sea capaz de gestionar esto, es mejor que no se acerque, porque entonces muto en asesina en serie y suelto toda lindeza que me viene a la mente.

Y así soy yo señores!

31 enero 2016

Cumpliendo años



Es curioso cómo cuando era pequeña no quería pasar de los 14 años, pensaba que era la mejor edad que se puede tener y sin embargo ahora, con los ojos puestos en todo lo que he vivido desde esos 14 años hasta el momento en que he cumplido 36 me doy cuenta de que ahora es cuando estoy en mi mejor momento.
Hoy soy una mujer con las ideas claras, con la cabeza en su sitio, rodeada de personas que ciertamente merecen la pena. Por lo tanto no quiero tener 14, ni 25, ni si quiera 30, no, lo que quiero es vivir mis 36 como la persona en la que me he convertido gracias a las vivencias y personas que han intervenido en mi vida; ni si quiera diré que pasaron para bien y para mal, en absoluto, ya que todo eso es lo que me ha hecho ser quien soy con sus buenos momentos y con los malos, por lo tanto considero que todo ha sido para bien y seguirá siéndolo porque me hará crecer.

A todas estas personas, a quienes formaron parte de mi vida y me hicieron tropezar, darles las gracias. Sé que es difícil comprender que estar agradecido con aquellos que te han hecho dudar de ti, de tus capacidades, de tu importancia como persona hasta dejarte sin autoestima, sea algo coherente; pero la realidad es que sin todo eso no habría llegado a caer y enfrentarme a mi principal problema (que siempre he sido yo misma). Por lo tanto gracias, porque si no caes no puedes saber que necesitas levantarte.

Obviamente el mayor agradecimiento no es para quien me hizo daño, si no a quienes me acompañaron mientras aprendía a levantarme y caminar de nuevo. Fuera de toda órbita esta mi familia, está más que claro que pese a todo, nunca fallan. Sin embargo aquellos que no son familia, son quienes en momentos de desastre personal se descubren y demuestran la calidad personal de cada uno, cosa que es una maravilla porque aprendes a poner a cada cual en “el escalón” que les corresponde y así no confundir conceptos.
Por supuesto además de descubrir a aquellos que no dan la talla como amigos, descubres a los que sí (en ambos casos siempre hay sorpresas) y es de lo mejor que me ha ocurrido en este último año. Darme cuenta que tengo amigos de toda la vida que ya sólo son meros conocidos o ya ni eso, otros que han pasado a ser parte de mi familia y lo mejor de todo es conocer a los nuevos, a los que en un mal momento más que dar la talla lo han dado todo.

Resumiendo, mis 35 fueron un año de gran aprendizaje, en el que he conocido y reconocido a mi entorno, en el que he convertido amigos en conocidos y viceversa, en el que ir a trabajar ha dejado de ser un trabajo, he crecido, he madurado, he aprendido a sonreír, a darlo todo sin miedo y a pedir lo que me merezco (sabiendo que merezco lo mejor) a tener las puertas abiertas a lo nuevo y a cerrarlas cuando no me interese lo que me ofrecen, por lo tanto he sembrado la semilla para que mis 36 sean estupendos, que venga lo que tenga que venir porque me siento grande, querida por mi familia, mis amigos, mis compañeras y ahora amigas, y porque sé que el mundo me sonreirá tanto como yo le sonría a él.

Por lo tanto este año seré lo más feliz que sepa y procuraré compartirlo con quien esté a mi lado, porque me lo he ganado, porque soy más joven de lo que nunca seré y porque no hay mejor momento que el ahora.